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B"H. MASHÍAJ TZIDKEINU YA !!!
Un día andaban por la calles de Roma cuatro maestros: Rabán Gamliel, Rabí Eleazar. Rabí Yehoshúa y Rabí Akiva.
Gamliel iba llorando y Akiva riendo.
-¿Por qué lloras?- preguntaron sus compañeros a Gamliel.
Dijo él: -Porque estos paganos que oran y adoran a los ídolos viven en paz seguros, en tanto que nosotros los que servimos al Dios verdadero, tenemos destruido su templo, que era el escabel de sus pies, ¿no es ese motivo para llorar?
Akiva por su parte dijo:
-Por eso precisamente río. Si esta suerte tienen los que no hacen la voluntad divina, ¿cuál ha de ser la suerte de los que la cumplen?
Otra vez andaban por Jerusalén y llegaron al monte Scopus. Al ver las ruinas de la ciudad, rasgaron sus vestiduras. Y cuando llegaron al Monte Moría, donde estuvo el Templo, vieron salir una zorra del lugar más sagrado del santuario, llamado el Sanctasantórum. Los tres primeros se pusieron a llorar, en tanto que Akiva reía sin medida. Le dijeron:
-¿Cómo es que ríes frente a esto?
Respondió él: -Y, ¿porqué vosotros lloráis?
-Ah, no sabes que se dijo: “El extranjero que entre cerca del santuario sea condenado a muerte” (Bamidbar 1:15), y ahora aun las zorras se pasean por él. Esta es la razón de nuestro llanto.
Dijo Akiva: -Yo río porque está dicho: “Sión será arada como un campo de labranza y Jerusalén se convertirá en collados muertos”. (Yirmiyáhu 26:18). Pero también está dicho: “Otra vez se llenará de gozo Jerusalén: estará llena de niños y niñas que salten y canten por sus calles” (Zejária 8:5). Mientras una profecía no se haya cumplido, podíamos tal vez dudar de la otra. Ahora, que se ha cumplido la primera, podemos esperar con gozo el cumplimiento de la segunda.
Ellos dijeron: Tienes razón.
T.B. Macot 24a
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